La hipocresía de los gobiernos y las corporaciones es infinita. La cobarde agresión contra los pueblos indígenas, desposeídos de tecnologías bastardas pero llenos de inocencia, sencillez y belleza, a causa de la ciega ambición de unos empresarios sin madre auténticos depredadores de la vida. Desde aquí protestamos por esta sinrazón e invitamos al mundo a poner el grito en la tierra a denunciar a estos miserables que por unos dólares más venden hasta sus hijas al mejor postor.